jueves, 9 de mayo de 2013

Mentiras políticas



Lala era mi tía política y digo era porque se divorció de mi tío y ha perdido el “título” legal. Cuestión distinta es si lo merecía o no - siempre ha habido parientes más allá de la sangre -, pero ese es otro tema. Lo que importa en esta falsa historia es la relación entre política y verdad o, más bien, entre política y mentira.

 

La mentira se ha convertido en reina. Ha traspasado todos los límites y ya resulta muy complicado distinguir la verdad. Incluso la confesión y el perdón se usan como armas para mantenerse como rey, presidente, ministro, consejero, alcalde o concejal. Y no sólo se miente para gobernar, sino que también se recurre a esta práctica para hacer oposición. En uno y en otro lado se multiplican los embustes.

 

El desprestigio de la política y el distanciamiento del pueblo no tiene otro origen. Claro que también está la corrupción y por supuesto que siempre ha existido el engaño, pero la política actual ha transformado la farsa en un arte tal que ni siquiera soñó Aristóteles al escribir “La retórica”, y probablemente tampoco imaginó Maquiavelo cuando redactó “El príncipe”.

 

Rajoy asegura que estamos saliendo de la crisis y defiende las medidas económicas de su Gobierno. Afirma que recortes, privatizaciones y subida de impuestos permiten la recuperación y la creación de empleo. Incluso se atreve a decir que han evitado el rescate de la Unión Europea, y todo eso cuando el paro se ha convertido en el mayor drama del país o se ha recurrido a fondos comunitarios no para salvar al trabajador, sino a la banca.

 

El presidente estatal osa añadir que los pensionistas recuperan poder adquisitivo, pero debe referirse a gente de otro planeta, porque aquí la mayoría  tienen serias dificultades para llegar a fin de mes y, además, se ve en la obligación de socorrer a hijos y nietos que se han quedado sin trabajo.

 

Triste realidad nacional, también regional – sin excepción de  autonomías – y local. En Canarias hay nuevos equilibrios de poder, pero se mantienen viejas prácticas; planes que sólo son palabras, y austeridad sólo para el eslabón más débil de la cadena, que del mismo modo aplican los representantes municipales, a los que no les cuesta sonreír pese a que prometen y obvian lo prometido.

 

El desencanto, el desapego y el hasta rechazo son el resultado. Sucede igual que sucedió cuando me enteré de que mi tía política ya no era mi tía. Cuando la patraña se desvela se quiebra la confianza y muy complicado será componerla mientras persistan las mentiras.

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