miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Devolver o vomitar con creces?



Siempre fui buena de boca; pocas veces recuerdo que no me sentara bien una comida. Sin embargo, debo reconocer que desde los once años mi estómago no digiere bien las legumbres. Recuerdo un día en que mi madre preparó y me obligó a comer lentejas…

¡No, no y no! Grité de manera cabezona, negándome a  tragar una sola cucharada de aquel guiso, pero mi madre entonces lanzó la que para mí era la peor amenaza: “pues no irás a clase hasta que no te acabes el plato”, y yo que no podía soportar la idea de faltar ni una vez al colegio – mi principal ilusión – hice de tripas corazón y acabé aquel manjar antes de salir corriendo para la escuela.

Esa tarde lo pase fatal. Me dolía la tripa y no conseguí que se me pasara el mal hasta que al llegar a casa vomité todo lo que había comido. Hoy siento ganas de hacer lo mismo y, mal que me pese, creo que al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, también le pasa, aunque claro está, él que es más fino, habla de devolver cuando en realidad quiere decir vomitar.

El máximo representante del actual Ejecutivo nacional ha asegurado esta semana que se ha pedido mucho a los españoles durante sus dos años de mandato, pero de manera rotunda ha matizado que se nos va a devolver con creces, y argumenta que ya hay signos de mejora en la economía española.

¿Alguien se lo cree de verdad? ¿Devolver o vomitar con creces? ¿Se lo creen en las familias donde no entra ningún sueldo a fin de mes? ¿Se lo creen los desahuciados que se han quedado sin casa? ¿Se lo creen los jóvenes que terminan sus estudios y tienen que emigrar porque aquí no pueden trabajar? ¿Y los mayores de 45 años que han perdido su empleo?

Rajoy insiste en que hay que afrontar la actual situación con valentía y sumando esfuerzos entre todos, pero a mí sus palabras me suenan a frases indigeribles, cuentos chinos desde una situación privilegiada, con un sustancioso salario y con la idea fija de devolver este país a tiempos en que los pobres éramos aún más pobres y no se nos permitía progresar.

Señor Rajoy, por mí, y creo que por otros miles de españoles, puede guardarse sus palabras de aliento, que bien podría cambiar por un poquito más de atención a lo que el pueblo necesita y reclama. De poco sirven esos consejos en los que nos insta a dar lo mejor de nosotros mismos, pues la mayoría de los que no ocupamos un gran puesto en el Gobierno de España lo hemos hecho y lo continuamos haciendo día a día, tristemente sin que se vean resultados.

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