martes, 17 de diciembre de 2013

Qué lluevan Mandelas!



¡Qué llueva, qué llueva, la virgen de la cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan. Qué sí, qué no, qué caiga un chaparrón! Y el chaparrón cayó. Fue como si el cielo también sintiera la muerte de aquel gran hombre y el mismo día en que se celebraba su funeral decidió llover a cántaros.

Llovió en Sudáfrica mientras le daban el último adiós a Mandela y llovió aquí en Canarias, a miles de kilómetros de distancia, pero donde también somos muchos los que lamentamos la pérdida del ex presidente de la República sudafricana, Premio Nobel de la Paz y, sobre todo, una luz que supo iluminar el camino y un símbolo de esperanza.

Mandela nació con alma de líder y ni siquiera los 27 años que pasó en la cárcel truncaron su esencia. Más bien sucedió al contrario, pues sus convicciones se afianzaron y finalmente alcanzó su sueño, un comienzo para una Sudáfrica más justa e igualitaria, sin separaciones por cuestión de raza, un país del que todos pudieran sentirse orgullosos.

Aún queda mucho camino por andar. De eso no hay duda, pero la contribución de Madiba, título honorífico otorgado por los ancianos, fue inmensa. El mundo sería muy distinto sin las aportaciones de personas que como Mandela han demostrado que una sociedad mejor no sólo es posible, sino alcanzable.

90 representantes internacionales, entre los que estaban el mandatario estadounidense, Barack Obama, el primer ministro británico, David Cameron, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, y el presidente francés, François Hollande, además del presidente español, Mariano Rajoy, y muchos ex dirigentes, acudieron a la ceremonia de despedida celebrada el mismo día que aquí se declaraba una alerta meteorológica por lluvia y viento.

El sol dejó de brillar. Por unas horas tuvimos que interrumpir nuestra actividad cotidiana. Las precipitaciones fueron fuertes e intensas y, aunque seguramente serán muchos los que piensen que nada tiene que ver una cosa con la otra, también son bastantes los que opinan que las casualidades no existen.

Sea de una u otra manera, lo cierto es que nos ha dejado un ser humano cuyos logros son  demasiados como para enumerarlos en un solo recortable, cuando además son muchos los estudiosos que lo han hecho y lo saben hacer mejor. Quedémonos, por tanto, con el espíritu de lucha, libertad e ilusión con el que creció y que mantuvo intacto hasta el final.

Los días de lluvia, en los años de mi infancia, mis amigas y yo nos poníamos las botas de agua y salíamos a cantar y chapotear en los charcos. ¡Qué llueva, qué llueva…! Gritábamos todas y en verdad hace falta que lluevan muchos Mandela.

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