jueves, 24 de enero de 2013

Las gallinas “bárcenas" cacarean



Sucedió un día de invierno; mi madre le decía a mi padre que estaría bien hacer un buen caldo, y mi hermana no lo pensó dos veces. Se fue al traspatio; cogió por el cuello la gallina más grande que encontró y empezó a darle vueltas. Sobresaltados por el cacareo, corrimos hacia el corral.

Ella quería complacer a mamá, pero era pequeña y no tenía mucha fuerza, así que el pobre animal se desgañitaba pidiendo auxilio “¿Pero dónde has visto tú hacer esto?” preguntó mi madre, mientras acababa con aquel tormento. ¡Lástima que no resulte tan fácil terminar con el que sufrimos los españoles!

No es que quiera yo hacer sopa con ningún político - no habría quien se tragara ese guiso, ni soy partidaria de la violencia -, pero hay muchos que mejor se quiten del medio. Intereses personales siempre ha habido, son parte de nuestra condición humana, pero la realidad en este país ha superado todo límite.



Los 22 millones de euros que Bárcenas llegó a tener en cuentas suizas, sin que se sepa muy bien cómo; los sobresueldos en sobres con los que se paga a dirigentes del PP y, por situarnos en terreno más regional, el “estudio- reducción” del descuento en viajes a los residentes es mucho más que ruido.

Luego salen con intenciones de pactar los grandes temas por y para el bien de Canarias ¿Pero qué bien, cuando sólo están causando males? Y habrá quien diga que aquí se están mezclando muchos asuntos, pero en el fondo se trata de uno sólo: la sinvergonzonería que han alcanzado los políticos.

Lamentablemente, el problema no es exclusivo de ninguna formación. En ninguna falta dios y en todas cuecen habas, aunque las hay más dañinas que otras; hay las que son criminalizadas a la primera y quienes siempre encuentran otro culpable. Los que son disciplinados y los que se dedican a machacarse unos a otros, además de los que están en medio para aprovechar de los dos lados.
                                                                                         
“No me consta” no es una explicación, como tampoco lo son los anuncios de auditorías internas y externas pues, aunque es bien cierto que tienen que hacérselo mirar – parecen convencidos de que lo están haciendo bien -, lo que en verdad  hace falta es que afronten la realidad con más honestidad, sin intentar arrimar el ascua a su sardina y, sobre todo, sin querer engañar a nadie.

Dedicado a todos los que acusan a los demás de cacarear, sin querer darse cuenta que ellos también cacarean: tomen ejemplo de la niña que quiso ayudar a su familia con aquella gallina, pongan más empeño e intenten hacerlo mejor para que todos salgamos adelante. Si no lo consiguen por lo menos nos quedará la esperanza de que se destruyan unos a otros y podamos librarnos de ustedes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario